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Un principio fundamental de la educación exige adaptarse a las necesidades del educando. El sentido común, la fuerza de los hechos y la investigación pedagógica coinciden en que la natural diversidad de los alumnos no puede ser atendida adecuadamente con un modelo único de enseñanza, por lo que no sería legítimo imponerlo. Como ha subrayado el Tribunal Constitucional, la libertad de enseñanza se extiende también a los aspectos pedagógicos y a los de organización escolar. En el caso de la escuela privada, el marco de referencia para la libre elección de los padres es el carácter propio del centro, que el titular garantiza como proyecto educativo coherente que compromete a cuantos forman la comunidad escolar. Los centros públicos deberían gozar de amplia autonomía para ofrecer también un proyecto docente coherente a los padres; esa autonomía impulsaría la calidad de la red pública, de la misma manera que se ha logrado en el caso de las universidades. Las autoridades educativas, al planificar el sistema escolar, no pueden condicionar el derecho preferente de los padres a elegir centro educativo. El artículo 27 de Como ámbito esencial de libertad, ha sido reafirmado por la jurisprudencia del Tribunal Constitucional, que lo ha interpretado como “una proyección de la libertad ideológica y religiosa y del derecho a expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas u opiniones” El derecho a la educación sólo se satisface plena y propiamente cuando se cubren esas dos vertientes: cuando los poderes públicos aseguran la escolarización de todos −con acciones que incluyen la oferta de centros públicos−, y cuando respetan la libertad de creación y de dirección de centros privados − dotados por su titular de un carácter propio− y el derecho de los padres a elegir escuela para sus hijos, de acuerdo con sus convicciones o preferencias morales, religiosas, filosóficas y pedagógicas. Por tanto, la educación es un derecho que debe ser garantizado por las autoridades y que exige una oferta escolar plural. Invitamos a los padres a ser exigentes consigo mismos a la hora de hacer un proyecto educativo para sus hijos, buscando aquel Centro que en su Ideario o Carácter Propio refleje las metas que desean para sus hijos, pensando que de ellas dependerá en el futuro la honestidad y la formación que sus hijos adquieran y que les permitirán ser ciudadanos formados con visión trascendente de la vida y especialmente de las consecuencias de sus propios actos, es decir serán personas responsables. |
Eugenio Gil Villén
Presidente de OIDEL
Secretario General de COFAPA
Miembro de la Tribuna de Educación de Iniciativa Social